Yuli Lolita, la chica de las bragas. La creadora de contenido para adultos, la argentina Yuli Lolita es una chica que motiva este cuento sobre bragas, hábitos y fantasías, en un juego entre imagen y literatura.

Yuli Lolita chica

La modelo argentina Yuli Lolita aceptó desafío para ilustrar un texto erótico que la tiene de protagonista. Su perfil en Instagram explota. Y los corazones de los hombres y de varias mujeres también.

Tangas

Coleccionista de tangas, calzones, braguitas. Las tengo como trofeos de guerra, recuerdos de conquistas inolvidables, de encuentros con hombres que me gustaban, incluso de algunos que amé y que jamás regresaron, ni cerca de mi puerta.

El único momento en que reparo sobre mi colección es cuando incorporo una nueva pieza allí. Vuelvo a esa especie de altar, secreto, en uno de los cajones de mi dormitorio. Y repito lo de siempre: despliego el cajón sobre la cama, destapo una caja cuadrada que nadie imaginaría que contiene, e incorporo la nueva tanga.

No sé si es idea mía pero todas ellas parecen un zoológico. Se reúne allí la fauna que me recuerda mi historia sexual. Ejemplares exóticos, otros más comunes, los hay silvestres y hasta salvajes. He colocado dentro de la caja unas pastillas que transpiran fragancias de jazmín, para matar cualquier otro vestigio que no sea el del fresco recuerdo.

Intimidad

Que me gustan las braguitas no es novedad. Mi madre me introdujo desde pequeña en ese arte de escoger y portar la prenda más íntima, la que más tiempo me lleva en escoger, según el encuentro.

Pese a que no se vea para el común de las personas, elegir una braguita para salir a la calle es toda una decisión. Un error puede conspirar contra la seguridad de una dentro de una reunión de trabajo, una presentación con amigos y hasta bajar la estima. Por eso me tomo un buen tiempo para analizar la braguita según la clase de día que deba afrontar.

El altar secreto es mi epitafio. Allí está el legado de mi vida sexual. Las prendas descansan en paz luego de haber protagonizado momentos vibrantes. Por eso las guardo, para recordar la que era cuando ya no sea más ésa mujer. Parece ridículo, cosa de mujeres. Nada que un hombre pueda entender.

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