Utama, gran película de Bolivia se prepara para Festival de Cannes

Utama, gran película de Bolivia se prepara para Festival de Cannes. La conmovedora ficción de Bolivia que encarna Utama se prepara como una de las películas revelación antes del inicio del Festival de Cannes.

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En Utama, su primera ficción, el cineasta boliviano Alejandro Loayza Grisi planta su cámara en las altas mesetas desérticas del país. En estos austeros parajes azotados por la sequía y como congelados en el tiempo, una pareja de ancianos, Virginio y Sisa, viven según ritos ancestrales, conformándose con (muy) poco y esperando desesperadamente la lluvia que pueda aliviar sus modestas tierras que lo necesitan tanto.

Cada día, Virginio, el de carácter testarudo y de rara sonrisa, cuida su rebaño de llamas mientras su mujer vela por una especie de huerta.

La inesperada visita de su nieto Clever, de 19 años, despierta el recelo de Virginio que, a pesar de la enfermedad que padece y de la que no le cuenta a su mujer, se niega a abandonar este árido territorio donde ha pasado toda su vida.

Cannes espera ser la gran plataforma de lanzamiento de la película, que ya ha recogido premios y distinciones por demás honrosas.

Alejandro Loayza Grisi

Antes de rodar esta película que, sin patetismo ni didáctica, evoca tanto el final de la vida, una historia de amor imprescindible, como las consecuencias del cambio climático, Alejandro Loayza Grisi trabajó como director de fotografía en varios documentales dedicados a las realidades de Bolivia.

Recordó sus experiencias pasadas para poner en escena esta ficción donde cada escena da testimonio de su inspiración formal, de su aguda sensibilidad y aprovecha los suntuosos escenarios naturales de este irremediablemente árido fin del mundo.

Escaso de diálogos como sus personajes, el director cuenta lo indecible (la aceptación de la muerte, el final de un amor de varias décadas) apostando por la sugerencia y centrándose en los detalles que hablan por sí solos mucho más que toda la cháchara: un guijarro como un regalo que Virginio le da a Sisa y que se suma a muchos otros, una caricia de Sisa en el rostro de Virginio para aliviar su dolor como un anciano que se niega a la piedad y acepta su destino con una dignidad abrumadora.

En 1h27 y sin escena de más, Alejandro Loayza Grisi, con un minimalismo que nunca es sinónimo de aburrimiento, filma un mundo que se derrumba. El mundo de Virginio y Sisa (interpretados por dos admirables actores amateurs) atrapados en las realidades de la vejez y la de los habitantes de esta inhóspita región que, privados de agua y recursos, se ven obligados a abandonar estas tierras donde siempre han vivido. y que, a pesar de todo, aman más que a nada.

El cineasta escenifica con modestia estas despedidas desgarradoras y su película no se olvida poco después de ser vista.

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