Evo en la Bolivia de la pandemia, cuanto peor mejor. Por Mauricio Runno, Editor General de News of the World, para La Voz de Bolivia. El fraudulento ex presidente ha puesto a Bolivia en un plano demencial, que busca únicamente su retorno al poder.

Evo Morales pandemia

Por Mauricio Runno

Debe ser rara la rutina de Evo Morales en Argentina por estos días. Mientras vive en una ciudad (de lunes a viernes) y en una provincia (los fines de semana) atacadas por las cuarentenas estrictas del gobierno argentino, como presunta acción para prevenir catástrofes, desde su sala de situación insta a miles de sus simpatizantes en Bolivia a salir a las calles.

No sería la primera vez que Evo Morales dice una cosa y exactamente haga lo contrario. Lo llamativo es que permanezca imperturbable, como si nada hubiera sucedido entre la contradicción sobre la palabra y sus acciones. El populismo ya ha consagrado como requisito para discípulos el siguiente axioma: nunca digas lo que piensas, sino lo que necesita oírse.

Y si es por hablar de axiomas, hay uno más antiguo, descabellado, que resume la acción politica de los grupos de izquierda más infantiles de América Latina: “cuanto peor, mejor”.

Y no hay mucho más para explicar por qué Bolivia hoy es un país al borde del abismo, ayudado en medio de una calamidad sanitaria que azota todos los rincones por los grupos más afines al fraudulento y fugado ex presidente. Evo Morales está lejos y muy cómodo del horror que vive el país al que dice amar.

Si uno debiera juzgar lo que es el amor no podría entender por qué los partidarios del MAS, capitaneados en la sombra por Morales desde Buenos Aires, han hecho todo lo posible para convertir hoy a Bolivia en el peor de los infiernos. Han bloqueado las principales rutas del país. Han provocado desmanes en la vía pública en distintas ciudades. Y estas acciones han dañado aún más el estado de salud de miles y miles de bolivianos.

Morales, el irresponsable de 2019 y 2020

Es imposible saber las consecuencias que estas movilizaciones y bloqueos tendrán a mediano y largo plazo. Pero sí es evidente lo provocado en estas horas: enfermos se han quedado sin el escaso oxígeno del sistema de salud, otros varios han muerto, y en épocas que se requiere de paz y seguridad, han puesto en jaque la distribución de alimentos en los centros urbanos, así como abrieron un rally de asaltos, tumultos y desórdenes en contra de la paz social.

Evo Morales es el jefe de esta lesión histórica para Bolivia, una irresponsabilidad que lo ha vuelto a mostrar sin el temple y el espíritu de los líderes constructivos. Morales termina su carrera política en Bolivia de mayor a menor. Y ha sido su peor biógrafo: aquello que hizo bien lentamente lo ha destruído. En tiempos de pandemia, apenas aceleró el desastre. Su sueño es volver al poder, como sea. No importa cómo. Atropellando las prioridades de Bolivia. Rompiendo todo aquello que es débil, como el orden político.

Ni siquiera se hace cargo que la madre de las crisis comenzó con una elección que el mismo avaló, fraguó y que hizo que debiera fugarse del país.

Evo Morales es el jefe de la fórmula de fantasía que propone el MAS para las próximas presidenciales, la de Luis Arce y David Choquehuanca. Y sería un error suponer que ambos candidatos son autonómos, moderados y aficionados al diálogo.

Más bien todo lo contrario: suelen aparecer con ese disfraz de marketing político. Y si las encuestas lo daban como la fuerza más votada hace tres semanas, posiblemente su apoyo al vandalismo brutal y salvaje de estos últimos días en Bolivia los haya bajado de las preferencias.

Ellos dos, como millones de bolivianos, deberían pedirle más explicaciones al prófugo ex presidente. Al menos para sacarlo de la comodidad y la tranquilidad de decidir el caos desde los confines del paraíso.

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