Colombia, Gustavo Petro puesto a prueba en el poder. El triunfo en Colombia con el 50,44% de los votos de Gustavo Petro marca punto de inflexión en el poder del país, pero también para América.

Colombia Petro poder

Colombia es considerada como una base avanzada de los EE. UU. debido a su ubicación estratégica, encajada entre América Central y América del Sur, lo que permite gracias a la presencia militar estadounidense en el lugar una vigilancia del Mar Caribe mientras vigila el resto de America latina.

Los partidos colombianos de derecha siempre han asegurado que la izquierda política y los movimientos sociales colombianos permanezcan fuera del poder político. En esto, la victoria de la fórmula Petro/Márquez constituye una ruptura con la historia contemporánea del país.

Fácilmente se podría creer que Colombia al haber sido siempre gobernada por la derecha, su pueblo se ha mantenido al margen de las convulsiones del mundo.

Efectivamente, la derecha está en el poder sin interrupción y el país no se ha visto afectado por la “ola progresista” de principios de los 2000. Pero entonces cómo entender que en este país se hayan asentado dos de las guerrillas más poderosas del continente, con el ¿FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y ELN (Ejército de Liberación Nacional)?

Asesinato Gaitán

La explicación se remonta a 1948, fecha del asesinato del liberal Jorge Eliécer Gaitán, cuando la burguesía más conservadora desató una ola de fusilamientos masivos contra la oposición y todo lo relacionado directa o indirectamente con las organizaciones sociales. Este período de la historia colombiana, la Violencia, durará hasta la década de 1960 y causará entre 100.000 y 300.000 muertos.

Fue durante estos años que la izquierda colombiana tomó la decisión de sobrevivir y optó por la lucha armada. Las FARC se formarán a partir del Partido Comunista Colombiano mientras que el ELN se creará más bien en torno a los partidarios de la revolución cubana, en particular guevaristas, y cristianos de la Teología de la Liberación, seguidores de Camilo Torres. Incluso la izquierda nacionalista se verá obligada a optar por la clandestinidad total o parcial. Es por ejemplo el caso del M-19 (Movimiento 19 de Abril) que depuso las armas en 1990 y de donde procedía Gustavo Petro.

FARC

Un intento de retorno a la vida política legal lo intentaron las FARC a partir de 1984 con la creación de la Unión Popular. Pero sus militantes serán perseguidos. Un informe del Centro Nacional de Memoria Histórica enumera 4.153 militantes asesinados entre 1984 y 20022. No es de extrañar que las organizaciones armadas hayan podido sobrevivir, sin que la población vea salida democrática y legal a sus demandas, cualquier demanda social que lleve a feroz represión.

Es a raíz de esta guerra interna que se desarrollará en Colombia una forma particular de Estado, con fuerzas armadas dedicadas principalmente a la lucha contra el “enemigo interno” y la creación de grupos paramilitares, utilizados por el poder para tareas “extraoficiales”, todas ellas esto más a menudo en alianza con grupos narcotraficantes.

A pesar de esta situación deletérea, EE.UU. se apoyó en el poder colombiano para desarrollar una fuerte presencia militar bajo el pretexto de la «lucha contra las drogas», reforzada con la firma del Plan Colombia en 1999, plan que entró en vigor en 2001. Detrás el anunciado objetivo de desarrollar el país y luchar contra las desigualdades sociales y el narcotráfico esconde un motivo completamente diferente: desarmar a las organizaciones guerrilleras, en primer lugar a las FARC, y mantener a Colombia bajo el dominio de EE.UU.

Uribe

Desde este período, ha habido sucesivos gobiernos cuyos programas se limitaron a más o menos monotonías en su compromiso de lucha contra el “terrorismo”, la palma del cinismo recayó en el presidente Álvaro Uribe, exalcalde de Medellín, íntimamente ligado al narcotráfico, elegido en 2002 para erradicar la guerrilla.

Durante sus dos mandatos, promoverá el desarrollo de grupos paramilitares que multiplicarán las exacciones, en particular en el campo, puntuadas por ejecuciones sumarias, destrucción de culturas por esparcimiento químico y desplazamiento de poblaciones.

Pero esta guerra contra las FARC será un fracaso: la guerrilla aún existe y la población colombiana exige cada vez más abiertamente que se inicien conversaciones de paz. Esta es una de las explicaciones de la victoria en 2010 del sucesor de Uribe, Juan Manuel Santos, artífice del acuerdo de paz firmado entre el gobierno colombiano y las FARC en 2016.

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