Chualluma en La Paz, explosión de arte y color. El proyecto de casas con paredes multicolores en el distrito de Chualluma, una zona en La Paz, no ha podido lucirse por cese del turismo en Bolivia.

Chualluma La Paz

A medida que el país reabre lentamente sus fronteras después de meses de cierre debido a la pandemia de coronavirus, los residentes están impacientes.

Les gustaría ver rápidamente a los turistas deambulando por La Paz, ya que ahora podrán admirar los frescos que adornan las paredes multicolores, y así generar nuevos ingresos en una de las zonas más postergadas de la capital, La Paz, Chualluma.

El Estado destinó 500.000 euros al proyecto, que permitió a 140 artistas locales repintar en rojo, rosa, amarillo, verde, azul y naranja las paredes de las casas en adobe, un rudimentario ladrillo de tierra mezclado con paja, secado al sol.

Grandes murales que representan la vida cotidiana «cuentan la historia de las personas que viven en el área», dijo Knorke Leaf, director del Proyecto de Mejoramiento Turístico de Chualluma, que también incluye la pavimentación de calles de tierra y construcción de escaleras.

Unas 400 familias, en su mayoría miembros de la comunidad indígena aymara, viven en los 18.000 metros cuadrados de este colorido distrito que se destaca del paisaje ocre de las casas que lo rodean, en la vertiente occidental de La Paz, a una altitud de 3.800 metros.

“Han pasado meses desde que los turistas nos abandonaron”, lamenta Susana Rojas, una residente que elabora productos artesanales.

Pero «cuando se vaya el coronavirus, volverán como antes», quiere creer llena de esperanza Marisol Mamani, de 43 años, que encabeza un grupo de mujeres artesanas.

Turismo, oportunidad para Bolivia

Todos dicen al unísono que este proyecto ha cambiado sus vidas, sacado de la pobreza un barrio donde el alcoholismo y la violencia doméstica eran demasiado frecuentes. El turismo es una oportunidad «para ayudarnos a las mujeres a ganarnos la vida», dice Marisol Mamani.

Pretenden impulsar aún más el barrio y movilizar a costureras, cocineras y albañiles para crear cafés callejeros con mesas cubiertas con aguayo (una tradicional tela de lana multicolor), aumentar el número de tiendas de artesanías y organizar visitas guiadas.

«Queremos que los visitantes conozcan mejor el barrio, que se sientan bien allí. Pero todavía necesitamos algo de dinero para hacer reparaciones en algunos lugares», dice Susana Rojas.

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