Bolivia, Iglesia sostiene que «la democracia es débil». «La democracia es débil, necesitamos una Defensoría del Pueblo» más amplia, declaró la Iglesia de Bolivia en un documento donde se expresa sobre actualidad.

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“Es un sentimiento generalizado de la población que la Defensoría del Pueblo, que es una institución que debe velar por el cumplimiento de los derechos humanos individuales y colectivos de todos los bolivianos, ha ido perdiendo legitimidad y credibilidad en los últimos años por su imparcialidad cuestionable, por su silencio frente a grandes conflictos sociales en los que no se visibilizó su accionar, y por la violación de los derechos de los niños, niñas y adolescentes y el atentado contra la vida humana”.

Así lo afirma el Consejo Episcopal Permanente de la Conferencia Episcopal de Bolivia, en un comunicado titulado “Bolivia necesita un Defensor”, citando la exhortación del Apóstol Pablo: “Vestíos del nuevo hombre, creado a la manera de Dios en la justicia y santidad de la verdad».

Los obispocos recuerdan que la Defensoría del Pueblo es una institución creada por mandato constitucional el 30 de diciembre de 1997. Su función es velar por el respeto, promoción y cumplimiento de los derechos humanos, tanto individuales como colectivos, especialmente de los sectores más vulnerables y desfavorecidos de la población.

Pedro Callisaya

El nuevo Defensor del Pueblo de Bolivia, Pedro Callisaya, declaró en su asunción que desea recuperar la independencia y credibilidad de esta institución. Su elección se produjo en una polémica sesión del Parlamento, con cambio de orden del día y ausencia de varios diputados opositores. El partido de oposición ‘Creemos’ solicitó al presidente del parlamento que se reconsiderara el nombramiento de Callisaya.

En su comunicado hecho público los obispos bolivianos recuerdan que «la elección del cargo de Defensor del Pueblo debe realizarse de manera consensuada y democrática, con el apoyo de todas las fuerzas políticas y sociales del país para que sienta el apoyo y el apoyo de toda la ciudadanía.

Además señalan que “nuestra democracia es frágil, y debemos buscar fortalecerla, ya que estamos lejos de consolidar una democracia con bases sólidas y profundas. No podemos seguir fomentando una democracia débil».

El texto reitera que el papel del Defensor del Pueblo implica «la defensa imparcial de los derechos humanos de todos los bolivianos», por lo que la persona designada debe tener una clara vocación «de servicio a la comunidad, sin preferencias políticas», «si el nuevo Defensor del Pueblo no frente a los temas centrales que aquejan a Bolivia, aumentarán las dudas sobre su identidad como Defensor del Pueblo”.

El Consejo Episcopal Permanente de la Conferencia Episcopal finaliza su comunicado expresando la esperanza de que la Defensoría del Pueblo pueda ser verdaderamente “la voz del Pueblo” y atender las necesidades urgentes del pueblo de Bolivia en el marco del respeto y el bien común.

Concluyen afirmando: “Sembremos solidaridad y diálogo, sembremos cercanía respetuosa entre todos los bolivianos, que Dios nos bendiga y nos permita seguir avanzando como Iglesia y como sociedad”.

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